sábado, septiembre 24, 2011

Yerberitas

Y  E  R B E R  I T A S
Cuento en un acto

Ambiente: La escena se desarrolla  en un sitio tranquilo a la orilla de un río donde hay muchas vinoramas florecidas. Arboles grandes a la izquierda: macapules y álamos. Un poco más lejos  se  ve un mezquite reverdecido; de sus brazos cuelgan las ramas de  otra planta, muy verde y con pequeñas frutillas rojas  y  anaranjadas.  Muchas  plantas de diversas especies y variedades. Flores silvestres. Se escucha una gran algarabía de pajarillos. Un zenzontle canta cerca.
Personajes: Dos jovencitas, hermanas. Pelo largo, trenzado o suelto. Visten una faldita de  cuero  que les llega a mitad del muslo; los  pechos descubiertos;  pulseras y collares de cuentas de obsidiana y pirita. Del cuello de ambas cuelga una pequeña concha.
ZUBAI, 14 años, rostro  demasiado  serio  para su edad. Busca algo entre las yerbas  del  suelo.  El calor estival perla de sudor su frente. Trae del brazo  un  morral de ixtle lleno de yerbas.
TOTORI, 17 años, la hermana mayor, su actitud demuestra estar más interesada en coquetear con guerreros jóvenes y danzantes que  aprender  el  oficio  de  la  madre,  que  es  yerbera y curandera. A sus pies está una  canasta de palma. (El sol cae a plomo; las jóvenes están a la sombra de un frondoso árbol.)
ZUBAI:
-        Tenemos que llevarle a mamá las yerbas que está necesitando para curar a nuestro primo Tetacoba; arráncalas con cuidado, no maltrates las hojas para que no se pierda el juguito y todo pueda aprovecharse.
TOTORI:
- ¡Hace mucho calor, Zubai! Estoy pensando que estaríamos más cómodas bañándonos en el río,  sumergidas  hasta el cuello en el agua... debe estar muy fresca  a  esta hora. No va a pasar nada si mamá espera un poquito.
ZUBAI:
-¿Crees que soy  tonta?  se  nota  que  quieres pasar toda la tarde chapoteando  en 
el  agua  sin  hacer  nada.  Que se te olvide. Es muy importante  que  encuentre  las yerbas que nos encargó mamá, de eso vivimos...
TOTORI: (Con marcado tono de desdén en la voz)
- No te enojes Zubai, eres  mi hermana menor y hablas como si fueras mi abuela. No me digas qué debo hacer. Eres muy joven.
ZUBAI:
Si, muy joven, muy joven  (remedándola), pero siempre te saco de apuros. Nunca vas a aprender  a curar si no te fijas dónde encontrar las  plantas.  Están  dondequiera  pero  tienes que conocerlas. En  el  monte,  en  la  orilla  del  río,  en las corrientes de agua y  algunas  crecen  arriba de los árboles; también los hongos curan  pero,  si  te equivocas, también matan.
TOTORI (con tono de disgusto en la voz):
-Ya deberías haberlo entendido: Quiero casarme y tener muchos niños. No me interesa  aprender  a  curar  con estos yerbajos apestosos. (Contando con los dedos)  Que  si el zorrillo para el catarro, que si la yerba-del-manso para los golpes, que si los pelos de elote para  el  maldeorín,  que si la... para el dolor de huesos. ¿Con qué se  cura  el dolor de huesos Zubai? Estoy harta. (Da una patadita al suelo) ¿Entiendes?: ¡har-ta! (Con tono desesperado).
ZUBAI:
- Eres muy linda  Totori,  los  jóvenes te admiran pero nadie quiere casarse contigo  por  cabeza  hueca.  No distingues un zanate de  un  gorrión;  además,  nunca  has  hecho  el menor esfuerzo  por superarte.  Tienes  que  conocer  las enfermedades, aprender a curar a las personas, mezclar las yerbas y saber emplearlas. Mamá nos ha enseñado todo y no sabes curar siquiera una diarrea de los niños. (Totori no le presta gran atención, se acerca a un lugar  muy  poblado  de plantas y apartando un arbusto se inclina a recoger algo)
TOTORI:
- Hey Zubai, ven; aquí  está  una  mancha de estas flores que nos encargó mamá. Fíjate,      distinguirlas,  no soy tan ignorante como crees. (Corta una  y  se  la coloca en el pelo con coquetería).
ZUBAI:
-Sí, pero no  sabes  para  qué  sirven.  Para tu conocimiento quiero decirte que son  para  curar  la  tos  y el oguido del pecho; tatemadas o remoliditas saben rico. También las puedes utilizar como aderezo para dar  sabor  a la comida. (Mientras Zubai habla, Totori ha  seguido  buscando entre los arbustos, recoge unas plantas y las muestra.)
TOTORI:
- Mira, encontré las matitas tiernas que quiere mamá, cortaré un buen manojo para  que  la  próxima  semana no tengamos que venir de nuevo.
ZUBAI (Moviendo la cabeza con desaprobación):
-Es necesario usarlas frescas, boba. Ahora  acércate. Con mucho cuidado arranca estas  raíces. (Con tono doctoral) Es wereke, deben  salir  enteras, sirve para curar la sangre delgada; esto se sabe porque  las  hormigas se juntan al rededor de donde orina el  enfermo. También cura la diarrea con sangre.
TOTORI (Se queda escuchando muy atenta):
- Shsst. No hagas ruido Zubai.  No  te muevas. Parece que por aquí  anda  un  armadillo;  creo  esta  noche  comeremos unos deliciosos tamales; le hablaré  al  viejo  Coni  para que los haga. Ji, ji, ya se  que  no  le gustan las mujeres, solo los hombres... pero es bueno  como  nadie  para hacer tamalitos y dulces. Yo lo manejo requetebien.
ZUBAI (Hablando como si fuese una mujer de edad):
- No te burles Totori,  Coni  es  una excelente persona y muy buen cliente de mamá; todos  los días llega muy temprano para pedirle remedios. Ella dice que  no  tiene nada. Me parece que necesita que le den  cariño;  desde  que murió su abuela está muy solitario.
TOTORI hace una mueca y  ensaya  unos  pasitos como de hombre afeminado; después, acercándose a  un  agujero  que hay en la tierra, mete la mano con cuidado y exclama con alegría:
-¡Te atrapé!-
   Inmediatamente lanza un  agudo  grito  de  dolor  y con un violento ademán retira la mano  del  hueco. Trae prendida una vívora de las llamadas "sordas" porque carecen de cascabel. Se  tambalea. Zubai rápidamente se acerca, sujeta la  serpiente y la azota contra un árbol. Recuesta a Totori en  la arena y con un cuchillo de obsidiana que saca de su canasta  hace dos cortes en el brazo de su hermana  (sale  sangre,  muy  roja);  chupa y escupe el veneno varias veces. Saca un  tubérculo del morral de Totori, mastica una porción y lo  pone sobre la herida. Toma algunas yerbas de su canasta  y  la  obliga  a comerlas. Totori sufre algunas  convulsiones   pero   se queda quieta  respirando afanosamente. (Está muy asustada)
TOTORI (Gimoteando):
-¿Me voy a morir Zubai..?-
ZUBAI (Le tiembla un poco  la  voz, pero contesta rápidamente, con cierto disgusto):
-No. Para eso te curé. Además era una vívora muy  pequeña...
TOTORI:
-Tengo miedo Zubai. Me duele mucho todo el brazo.-
ZUBAI:
-No tengas miedo hermanita. Tuviste suerte que hayamos encontrado estas yerbas contra la  ponzoña de vívora. Te va a doler pero es todo.-
TOTORI (Ya sin llorar):
-Zubai, ¿podré tomar parte en las danzas al iniciar el verano?-
ZUBAI (Sigue con tono de enojo):
-Ni lo pienses. Cuando la luna  esté  llena te van doler todos los huesos, así que olvídate de fiestas.-
TOTORI:
-Ay Zubai, ¿qué voy a hacer...?-
ZUBAI:
-Ponte a  trabajar. En aquel mezquite grandote hay mucho tójil, corta una buena cantidad; llena el morralito amarillo. Es para el niño de Zíquili, tiene mucha diarrea, llévaselo y dile que lo hierva en agua  y  el tecito se lo dé como agua de uso. Para mañana se le va a quitar su mal. ¡Ah! y que no lo deje comer tierra.-
TOTORI: Se le queda mirando, ofendida.
ZUBAI la abraza y poniéndose seria dice:
-Totori: De aquí en adelante, jamás confundas la cola de una víbora con el rabo de un armadillo.-

TELON.

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