Y E R B E R I T A S
Cuento en un acto
Ambiente: La escena se desarrolla en un sitio tranquilo a la orilla de un río donde hay muchas vinoramas florecidas. Arboles grandes a la izquierda: macapules y álamos. Un poco más lejos se ve un mezquite reverdecido; de sus brazos cuelgan las ramas de otra planta, muy verde y con pequeñas frutillas rojas y anaranjadas. Muchas plantas de diversas especies y variedades. Flores silvestres. Se escucha una gran algarabía de pajarillos. Un zenzontle canta cerca.
Personajes: Dos jovencitas, hermanas. Pelo largo, trenzado o suelto. Visten una faldita de cuero que les llega a mitad del muslo; los pechos descubiertos; pulseras y collares de cuentas de obsidiana y pirita. Del cuello de ambas cuelga una pequeña concha.
ZUBAI, 14 años, rostro demasiado serio para su edad. Busca algo entre las yerbas del suelo. El calor estival perla de sudor su frente. Trae del brazo un morral de ixtle lleno de yerbas.
TOTORI, 17 años, la hermana mayor, su actitud demuestra estar más interesada en coquetear con guerreros jóvenes y danzantes que aprender el oficio de la madre, que es yerbera y curandera. A sus pies está una canasta de palma. (El sol cae a plomo; las jóvenes están a la sombra de un frondoso árbol.)
ZUBAI:
- Tenemos que llevarle a mamá las yerbas que está necesitando para curar a nuestro primo Tetacoba; arráncalas con cuidado, no maltrates las hojas para que no se pierda el juguito y todo pueda aprovecharse.
TOTORI:
- ¡Hace mucho calor, Zubai! Estoy pensando que estaríamos más cómodas bañándonos en el río, sumergidas hasta el cuello en el agua... debe estar muy fresca a esta hora. No va a pasar nada si mamá espera un poquito.
ZUBAI:
-¿Crees que soy tonta? se nota que quieres pasar toda la tarde chapoteando en
el agua sin hacer nada. Que se te olvide. Es muy importante que encuentre las yerbas que nos encargó mamá, de eso vivimos...
TOTORI: (Con marcado tono de desdén en la voz)
- No te enojes Zubai, eres mi hermana menor y hablas como si fueras mi abuela. No me digas qué debo hacer. Eres muy joven.
ZUBAI:
Si, muy joven, muy joven (remedándola), pero siempre te saco de apuros. Nunca vas a aprender a curar si no te fijas dónde encontrar las plantas. Están dondequiera pero tienes que conocerlas. En el monte, en la orilla del río, en las corrientes de agua y algunas crecen arriba de los árboles; también los hongos curan pero, si te equivocas, también matan.
TOTORI (con tono de disgusto en la voz):
-Ya deberías haberlo entendido: Quiero casarme y tener muchos niños. No me interesa aprender a curar con estos yerbajos apestosos. (Contando con los dedos) Que si el zorrillo para el catarro, que si la yerba-del-manso para los golpes, que si los pelos de elote para el maldeorín, que si la... para el dolor de huesos. ¿Con qué se cura el dolor de huesos Zubai? Estoy harta. (Da una patadita al suelo) ¿Entiendes?: ¡har-ta! (Con tono desesperado).
ZUBAI:
- Eres muy linda Totori, los jóvenes te admiran pero nadie quiere casarse contigo por cabeza hueca. No distingues un zanate de un gorrión; además, nunca has hecho el menor esfuerzo por superarte. Tienes que conocer las enfermedades, aprender a curar a las personas, mezclar las yerbas y saber emplearlas. Mamá nos ha enseñado todo y no sabes curar siquiera una diarrea de los niños. (Totori no le presta gran atención, se acerca a un lugar muy poblado de plantas y apartando un arbusto se inclina a recoger algo)
TOTORI:
- Hey Zubai, ven; aquí está una mancha de estas flores que nos encargó mamá. Fíjate, sí sé distinguirlas, no soy tan ignorante como crees. (Corta una y se la coloca en el pelo con coquetería).
ZUBAI:
-Sí, pero no sabes para qué sirven. Para tu conocimiento quiero decirte que son para curar la tos y el oguido del pecho; tatemadas o remoliditas saben rico. También las puedes utilizar como aderezo para dar sabor a la comida. (Mientras Zubai habla, Totori ha seguido buscando entre los arbustos, recoge unas plantas y las muestra.)
TOTORI:
- Mira, encontré las matitas tiernas que quiere mamá, cortaré un buen manojo para que la próxima semana no tengamos que venir de nuevo.
ZUBAI (Moviendo la cabeza con desaprobación):
-Es necesario usarlas frescas, boba. Ahora acércate. Con mucho cuidado arranca estas raíces. (Con tono doctoral) Es wereke, deben salir enteras, sirve para curar la sangre delgada; esto se sabe porque las hormigas se juntan al rededor de donde orina el enfermo. También cura la diarrea con sangre.
TOTORI (Se queda escuchando muy atenta):
- Shsst. No hagas ruido Zubai. No te muevas. Parece que por aquí anda un armadillo; creo esta noche comeremos unos deliciosos tamales; le hablaré al viejo Coni para que los haga. Ji, ji, ya se que no le gustan las mujeres, solo los hombres... pero es bueno como nadie para hacer tamalitos y dulces. Yo lo manejo requetebien.
ZUBAI (Hablando como si fuese una mujer de edad):
- No te burles Totori, Coni es una excelente persona y muy buen cliente de mamá; todos los días llega muy temprano para pedirle remedios. Ella dice que no tiene nada. Me parece que necesita que le den cariño; desde que murió su abuela está muy solitario.
TOTORI hace una mueca y ensaya unos pasitos como de hombre afeminado; después, acercándose a un agujero que hay en la tierra, mete la mano con cuidado y exclama con alegría:
-¡Te atrapé!-
Inmediatamente lanza un agudo grito de dolor y con un violento ademán retira la mano del hueco. Trae prendida una vívora de las llamadas "sordas" porque carecen de cascabel. Se tambalea. Zubai rápidamente se acerca, sujeta la serpiente y la azota contra un árbol. Recuesta a Totori en la arena y con un cuchillo de obsidiana que saca de su canasta hace dos cortes en el brazo de su hermana (sale sangre, muy roja); chupa y escupe el veneno varias veces. Saca un tubérculo del morral de Totori, mastica una porción y lo pone sobre la herida. Toma algunas yerbas de su canasta y la obliga a comerlas. Totori sufre algunas convulsiones pero se queda quieta respirando afanosamente. (Está muy asustada)
TOTORI (Gimoteando):
-¿Me voy a morir Zubai..?-
ZUBAI (Le tiembla un poco la voz, pero contesta rápidamente, con cierto disgusto):
-No. Para eso te curé. Además era una vívora muy pequeña...
TOTORI:
-Tengo miedo Zubai. Me duele mucho todo el brazo.-
ZUBAI:
-No tengas miedo hermanita. Tuviste suerte que hayamos encontrado estas yerbas contra la ponzoña de vívora. Te va a doler pero es todo.-
TOTORI (Ya sin llorar):
-Zubai, ¿podré tomar parte en las danzas al iniciar el verano?-
ZUBAI (Sigue con tono de enojo):
-Ni lo pienses. Cuando la luna esté llena te van doler todos los huesos, así que olvídate de fiestas.-
TOTORI:
-Ay Zubai, ¿qué voy a hacer...?-
ZUBAI:
-Ponte a trabajar. En aquel mezquite grandote hay mucho tójil, corta una buena cantidad; llena el morralito amarillo. Es para el niño de Zíquili, tiene mucha diarrea, llévaselo y dile que lo hierva en agua y el tecito se lo dé como agua de uso. Para mañana se le va a quitar su mal. ¡Ah! y que no lo deje comer tierra.-
TOTORI: Se le queda mirando, ofendida.
ZUBAI la abraza y poniéndose seria dice:
-Totori: De aquí en adelante, jamás confundas la cola de una víbora con el rabo de un armadillo.-
TELON.
Etiquetas: Cuento
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