martes, marzo 22, 2011

Jaquiviri

                                             J   A   Q   U   I   V   I   R   I

C   U   R   U   A
Cuando  la  luna  nueva  llegue,  Jaquiviri  será  mi esposa. Contemplar a Jaquiviri es ver la belleza de la luna de verano en una noche  tranquila.  ¡Jaquiviri,  tierno arroyito; bella como un amanecer!  ¡Cómo me deslumbra con sus ojos como estrellas! ¡Cómo  late mi corazón cuando  la encuentro y pudorosa baja la mirada! No pierdo ocasión de buscarla y admirar su hermosura. Hay qué ver lo linda que se ve tejiendo  palma, barriendo su casa o paseando por el  campo; pero más, más que todo, me parece preciosa cuando sube del río, acompañada de sus amigas, con el cántaro lleno de agua sobre su cabeza, cimbreante el talle y erguido el  busto. Las risitas y cuchicheos de sus compañeras me indican que no le soy indiferente.
Cuando terminó la cosecha, fui a su casa y me brindó una jícara llena de fresca bebida de pitaya; ella misma la preparó con sus manitas adoradas. Lo digo porque le faltaba bastante dulce, pero me supo a gloria.  Me impresionó su nerviosismo, seguramente era por mi presencia.

M   U   S   U   C   O   B   A
Me cae pesado Curúa el Guerrero. Todos dicen que cuando se encuentra con Jaquiviri casi se la come con los ojos... Me gustaría plantarle al tal guerrero una pedrada en medio de la frente, pero tengo miedo; los mayores dicen que es tan valiente como diez pumas juntos;  debe ser verdad porque todos ellos lo respetan; en verdad nadie creería esto viendo su corpachón fofo y  su panzota, aunque prueba de ello son las muchas cicatrices que siempre presume, el fantoche.
Lo que debe hacer es casarse con una mujer de su edad y terminar la casa que está construyendo en la orilla del río. Está muy viejo para vivir en la casa comunal de los solteros. Todos andamos desvelados porque no deja dormir a nadie con sus ronquidos.
Es un avaro, nunca emplea sus  bienes; solamente se embriaga tomando bebida de pitaya fermentada  cuando la regalan a todo el mundo  durante las grandes festividades, y nunca lo hemos visto jugar al patoli ni al mali. Solamente le gusta la cacería ¡porque se come lo que caza! Dice mi Tata Grande que cuando era joven lo despreció por tacaño una mujer muy bonita que prefirió consagrarse como prostituta en vez de casarse con él.

C U R U A
Ayer, después de consultar con el jefe de la tribu, fui a la casa de Mori, mi viejo amigo, para  platicar y ponernos de acuerdo sobre los bienes que le  daré  a cambio de mi futura compañera. No quería; alegaba  que mi  amada se convirtió en mujer hace solo seis  lunas  y  le  fue  colgada al cuello la pequeña concha que lo pregona. Al final del día nos pusimos de acuerdo. Quedamos en cuarenta  pieles de venado adulto, la cosecha de calabazas del  terreno  que  colinda  con  su  milpa,   cincuenta  medidas de  maíz  y  veinticinco de  frijol. Además,  me  pidió  el  arco  de    huiloche   que   me   trajeron  de  la  sierra  el  pasado  invierno. También se lo daré. Jaquiviri bien lo vale.



M   O   R   I
Ayer vino Curúa El Guerrero.  Se casará con Jaquiviri. Aunque siento pesar por entregar mi hija menor a un hombre de la misma edad que  yo,  me  consuela haber hecho una buena alianza. Curúa es poderoso y tiene bienes  para mantener a diez familias.
Por ahí supe que una vez  lo  vieron vestido de mujer pero no lo creo; hemos combatido juntos muchas veces y jamás lo he visto titubear al entrar en combate. Ataca siempre de frente, con su lanza firme y el escudo alto. Le gusta la guerra y si se vistiera de  mujer, no podría tomar las armas; estaría muerto en vida. Me gustaría saber quién lo dijo para estar seguro. Bien me acuerdo que cuando éramos jóvenes estuvo enamorado de  Babu, aquella hermosa mujer que decidió dedicarse a satisfacer a los  hombres. Cuando la mataron unos merodeadores de la tribu Achire, a  Curúa se le secó el alma; desde entonces no sabe mas que de trabajo y de guerra.

C   U   R   U   A
Ahí está ese vago de Musucoba, con su pandilla de inútiles como él, todo el tiempo jugando al patolli. No se qué gusto le encuentran estar todo el  día  sentados   jugando  con  esos  trocitos de  madera  y semillas de  colores. ¡ Qué vida ! por la tarde se van a jugar ulama; parecen zonzos pegándole a esa pelotade hule. No hay como la cacería, eso sí que es bueno: acechar al venado o al puma,  superar su astucia, como se hace con los enemigos y tensar silenciosamente el arco para sentir la flecha  que  sale  con  violencia  llevando  nuestra fuerza, nuestro mensaje de muerte. La  cacería  no es como la guerra, donde gana el  más  fuerte;  el  cazador  mata  al adversario superándolo en habilidad. ¡Qué miradas me echa ese  cachorro  holgazán! sus ojos son como dos lanzas de guerra.

M   U   S   U   C   O   B   A
Cada vez que Curúa el  Guerrero me mira siento que taladra mi cabeza y se me enchina  el cuero.  A  lo mejor ya sabe que yo soy el quien dijo que andaba   vestido  de  mujer; claro que es mentira pero lo detesto con toda  el  alma desde que puso los ojos en  la  linda  Jaquiviri.  Ella  y  yo  nacimos el mismo verano; pero  toda la gente piensa que soy todavía un cachorro y ella... ella desde el principio de  esta primavera es toda una mujer que hasta puede agarrar marido. ¡ Dicen que Curúa se va a casar con ella!
¡Jaquiviri,  Jaquiviri, ay mi  Jaquiviri..! Quisiera correr de desesperación y darme de topes contra un árbol.

Z    U    B    A    I
Me gustaría que Curúa  El  Guerrero, se  fijase en mi. No me importa que tenga tres veces mi edad. Dice el abuelo que cuando Curúa el Guerrero era  joven,  se enamoró de Babu, una linda muchacha que fue asesinada por unos merodeadores, y a él se le secó el alma, ¡Qué corazón tan romántico! Años y años llorando a  su amada muerta. ¡Y qué valiente! Es el primero  que se presenta para los combates.
En la última guerra contra la tribu Bacorehuis, le hicieron una horrible herida en el pecho. Quise ir a curarlo, pero mamá no lo permitió. Dice que soy todavía muy joven para atender heridas graves. ¡Caray con mamá, siempre exagerando! Jaquiviri es por lo menos diez  lunas menor que yo y Musucoba dice que se casará cuando tengamos luna nueva.
Esa zonza. ¡Cabeza de  urraca!  Parece ardilla correteando de aquí para allá y de allá para acá, meneando el trasero frente a Curúa. Dicen mis  amigas  que  anda derritiéndose por ella. ¡Qué rabia!

J   A   Q   U   I   V   I   R   I
Ahí viene  Curúa,  Culebra  Gorda.  ¡Qué  nombre  más bien puesto!
Por cierto que  se  cree  muy guapo. ¡Con tamaña panza! Mis amigas se burlan  diciéndome  que  lo traigo loquito y que quiere casarse  conmigo. ¡Qué asco! se ve rete-repugnante con esa horrenda cicatriz que le cruza la cara.
Cuando terminó la cosecha fue a  casa y se puso a platicar con papá. Le di una jícara llena de agua de pitaya bien aceda. Ji, ji, ji.  ¡Se  la  bebió  todita  y  ni  gestos hizo! Quise traerle más, pero mi  papá  me  detuvo  lanzándome una mirada fulminante. ¡m'Mm!
¡Uff! es lo mas repulsivo.  Y  luego,  la  forma en que me mira: se queda lelo,  cayéndosele  la  baba. ¡Fuchi! No sería su mujer aunque fuese el único hombre sobre la tierra.

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