martes, marzo 22, 2011

El jugador de hulama

                    E L   J U G A D O R   D E   H U L A M A
Buenos días, amigo; se nota que  no es de estos rumbos, digo, por la ropa. Se  ve  cansado;  siéntese  a  la sombra de este macapule y échese un trago de agua fresca, acabo de llenar mi buli en la corriente, ahí  en  ese remanso rodeado de grandes álamos. ¡Qué hermosos! ¿Verdad?
 Caray,  no me he presentado. Soy Musucoba, el Jugador  de  Ulama.  Si tiene calor y quiere bañarse, puede hacerlo cerca  de aquella mancha de vinoramas; acá no, porque es el lugar  donde las familias sacan agua para beber.
   Como le digo, me llaman Musucoba El Jugador de Ulama; soy también  guerrero  de  la   tribu  de  los  Guasaves,  gente apacible, que siembra maíz, frijol,  calabaza  y chiles en la vega de este río que ya  ve, ahorita trae poco caudal pero en tiempo de lluvias provoca unas  inundaciones que no lo quiera ver. Vivimos vigilando  nuestros  campos.  Los hemos cercado, los cuidamos con  amorosa  dedicación  y  recogemos numerosos frutos de  las  tierras  fértiles  y  planas  que  rodean  la comunidad. Pero no se equivoque  usted  como muchas tribus de lejos y algunas de cerca; ellos ya aprendieron: defendemos lo nuestro con ferocidad. También por eso nos respetan.
Como le digo, soy jugador de ulama, una actividad que implica sacrificio y dedicación; diariamente entrenamos; nos enfrentamos a nuestros hermanos de tribu para tener destreza y triunfar sobre los equipos de otros pueblos del territorio que, por cierto, tiene muchas jornadas  de  extensión,  corriente  arriba y hacia el mar; por  esta  ribera  se  llega  al  gran río donde viven los tehuecos  y  por la otra banda hasta los cerros que desde aquí ni siquiera alcanzan a mirarse.
     La ulama es un juego difícil, no crea que es solo mandar esa bola de hulli, tan pesada,  para  que se vaya derechita y pegue dentro del campo que  llamamos tasti. Le quiero aclarar que aquí  golpeamos  la  pelota  solamente  con el antebrazo, aunque en las regiones  del  Sur  se  le  pega también con la cadera. El tasti, mírelo, tiene más  de cien pasos y solo una brazada de ancho si hace la  lucha  de dirigir la pelota verá que es bastante difícil.  Yo  soy  un  "topador", es decir el encargado de recibir y devolver  la  bola cuando el contrario inicia la jugada. Lo   hago  cerca  del analco, la línea media del campo, donde la bola llega con más fuerza.
  Lo más probable es  que  no  conozca el juego, porque usted parece de  otras  tierras;  pero  se  lo  voy  a explicar: no cualquiera juega ulama. La pelota es de hulli, dura como piedra,  mas o menos del tamaño de  la cabeza de un niño pequeñito. Se tiene que golpear con el  antebrazo antes que bote dos veces;  en ocasiones apenas la alcanzamos cuando  ya va a pegar en la  tierra. Mire cómo tengo  la  piel,  encallecida  y cruzada de cicatrices.
   Todos respetamos mucho  nuestras  reglas  porque vienen de nuestros antepasados. Quiero que sepa que la ulama no es solo un juego, es un rito de  fertilidad para la tierra y para las mujeres. Todos los años se hace  una  gran jugada en el Lugar Sagrado, aquí cerquita, junto a  un recodo del río, donde hay túmulos funerarios. Hace  muchísimas  lunas  ahí  vivían, con otras costumbres y con otros  modos de pensar, los abuelos de los abuelos. Yo puedo ir porque soy jugador de ulama.
A veces caminando por el Lugar Sagrado encontamos pequeñas vasijitas, malacates para  hilar,  puntas de flecha, huecesillos y  conchas  labradas;  les  tenemos  gran aprecio porque son objetos que dejaron  nuestros  mayores, quienes antes moraban en estas tierras y sabían trabajar el barro, la concha,  la  piedra  y  el  hueso.
La Ulama no es solamente un juego, es un ritual,  es una ceremonia propiciatoria para que nuestros antepasados nos protejan, den fuerza a la  tierra, ayuden a triunfar en las guerras con otras tribus, den fecundidad a la siembra y a nuestras compañeras.
   Creemos en el espíritu del aire, de los árboles, del río y del sol, de la luna y el rayo. Son  fuerzas. Poderes que están por encima de nosotros,  por  eso  bailamos  pajcola ante los restos de quienes vivieron antes  que nosotros y tienen poder para comunicarse con  Bari-Sehua  (Flor  Mojada), el Venadito Recién Parido, y  con  el  trueno  cuyo  aliento  es el aire.
También danzamos antes de cada  juego  para ofrecérselo a los espíritus poderosos.
   Perdone que lo deje tan pronto;  voy rumbo a la casa de mi compañero Tetacoba, tiene  quebrado  un  hueso  de la cadera, jamás volverá a jugar  ulama  y,  creo  que tampoco  caminará.
Quiso jugar como lo hacen  al  sur,  dándole con la cadera al hulli, pero calculó mal  y  se  quebró.  Lo trajimos cargando entre todos desde  Bacamopa,  en  las  sierra  del río de los Muertos donde se juega la  ulama de cadera, él quiso presumir ante la cacica de  aquellas  tierras.  Es  joven y muy guapa, pero no tanto como para dejar de jugar ulama para siempre por andar quedando bien con ella.
 Quiero decirle que  aquí  las  mujeres  no  asisten  a los juegos. Pero la verdad es que lo admiran mucho a uno; ya sabe usted cómo son ellas les atrae  la musculatura y el arrojo de nosotros los hombres.
Nos vemos, amigo; si  se  queda  por aquí algún tiempo tal vez le toque ver los juegos  grandes; y recuerde, la ulama es la vida del jugador, no  importa  no ser guerrero, no importa no ser buen cazador, no  importa tener mala suerte al sembrar o al recolectar  frutos  silvestres.  Si  eres  bueno para la ulama, basta para ser feliz y respetado en la comunidad. Cuando me preguntan quien soy, orgullosamente digo: Yo soy Musucoba el Jugador de Ulama.

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